EL PASO POR LA ESCUELA…
Cuando cumplí los 5 años, como era de esperarse, llegó el gran día. Por
fin empezaría a conocer más niños y niñas como yo. Mi madre decidió
inscribirme a una de las escuelas del pueblo, además “la niña con una
tía profesora” no podía quedarse sin iniciar sus estudios. En esos
tiempos no se cursaba el moderno preescolar, llegaría a la escuela a
enfrentar todas esas cosas nuevas con las herramientas que traía de
casa: una biblioteca llena de periódicos pasados, una colección de
“ReadersDigest” que mi padre había coleccionado de cuando trabajó en una central editora de revistas como “Vanidades” e “Historietas de Walt Disney” ubicada en la capital del país, que se llamaba “Meridiano”.
| http://www.rompeteelojo.com/2009/10/selecciones-de-selecciones.html |
De hecho de una de estas publicaciones fue que eligieron mi nombre de cuna “Mayra Alejandra” pues para la década de los 79 estaba en auge una actriz llamada así, la cual era portada de la mayoría de circulaciones impresas de esa época en el país.
Al iniciar mis clases formales en 1º grado de primaria me emocionaba el hecho de escribir en mis cuadernos, de poder llevar esas historietas de dibujos animados a la escuela y poder mostrarlas a escondidas a mis amiguitos, pues si lo hacía en el salón de clase la maestra se enojaba y podía hasta llegar a perderlas.
Aprendí a leer muy rápido, pues me gustaba mucho y todas las tardes llegaba a casa a sacar de la biblioteca un nuevo trozo de periódico o un cuento más de los ya “leídos” para mostrarle a mamá las letras que había aprendido en la escuela y leérselas.
| http://www.socialregister.co.uk/mayra-alejandra/ |
La escuela, mi segundo lugar de acercamiento a la palabra era un espacio donde convivía, aprendía pero en ocasiones también se convertía en ese centro de implementación de órdenes, reglas que era imprescindible evitar o quizá violar… Hubiese querido que fuera de otra manera, sin embargo siempre me gustó asistir a ella, con la ilusión de que tal vez alguna mañana de invierno la maestra decidiera leernos una historia que calentara nuestra imaginación, así como me sucedía cada vez que tenía contacto con un texto escrito (revista, recorte, libro viejo) el que fuera, el que estuviera a mi alcance.
http://culturacomic.com/2008/07/22/memin-vs-memin-camparativo-del-antes-y-el-ayer/
Lo más cercano a una biblioteca, no como las de ahora, era la casa de mi tía donde primaban libros de pedagogos de esa época y que eran complejos de comprender, pero gracias a los textos de canciones musicales propios de la región aprendí, leyendo, a cantar “El barcino”, “Los guaduales” y a seguir incansablemente el ritmo hasta que lograba ser capaz de interpretarlas para una nueva clase. Además junto con la flauta, instrumento que aprendí a tocar desde muy pequeña acompañaba cada compás e intentaba leer partituras musicales para llegar a interpretar otro ritmo musical.
UNA NUEVA ETAPA…
Al iniciar mis estudios de bachillerato en la Normal Departamental Divina Providencia, colegio de las Hermanas Franciscanas, me emocionaba el hecho de saber que podía embarcarme en una aventura que me ayudara a esconder mi dolor por la separación de mis padres, eso sería posible en la clase que más me gustaba “Español y Literatura”. Me imaginaba empezando a adentrarme en mágicos mundos in imaginados, donde la protagonista sería… la palabra. Pero lamentablemente no sucedió lo que esperaba. Durante los primeros años de secundaria en el colegio las docentes de esa asignatura no duraban mucho, quizá ello estaba ligado a un poco de inseguridad en la población generada por grupos al margen de la ley, pero bueno, continuemos…Fue cuando comencé a leer “La muerte de Iván Ilich” de León Tolstoi, ese mundo de suspenso me apasionaba mientras mi madre se preguntaba cómo podía leer una obra tan compleja yo cada tarde abandonaba mi realidad para vivir una nueva.
Según lo recuerdo durante mi paso por la secundaria leí obras como “María” de Jorge Isaacs, “El coronel no tiene quien le escriba”, “Crónicas de una muerte anunciada” de García Márquez y tal vez inicié la lectura de “Cien años de soledad”, la cual no culminé creo que una de las razones es que tristemente le estaba perdiendo ese gusto a la lectura, ya que se había convertido en una imposición académica que no pasaba de “Vamos a leer a…” sin argumentarnos las razones por las cuales debía ser tal o cual obra y no otra, por el hecho de cumplir con un currículo absurdo.
Una de las obras, entre tantas que leí y que ahora no recuerdo, con la que me sentí realmente identificada fue con “Doña Bárbara” de Rómulo Gallegos, esa historia me permitió leer muchos lenguajes de vida, aventura, enfrenamiento, odios y amores…
Creo que fue una de las historias que más recuerdo, además luego tuve la posibilidad de compararla con la historia de la novela que fue televisada y definitivamente… la lectura transporta, nos hace viajeros de los infinitos espacios, nos traslada sin violencia a lugares en donde la imaginación es la dueña y señora.
Para ser sincera no creo ser una lectora empedernida, pero cuando leo en verdad lo hago con pasión, además de todo y de lo que sí puedo sentirme orgullosa es de asegurar que la lectura en mí ha hecho infinitas transformaciones.
A mi vida y en el momento justo llegó una luz que alumbró mi sendero, me impulsó para llegar donde estoy, una persona bondadosa, inteligente y muy humana que me impregnó de nuevo la pasión por la lectura y me mostró nuevos caminos que pronto recorrería.
Es por ella que logré ingresar a la universidad a estudiar la licenciatura y al comenzar a conocer autores que para mí fueron desconocidos durante mucho tiempo he logrado identificar y valorar mi labor como docente.
Evito convertirme en una más de esas profesoras que pasaron por mi vida de estudiante a las cuales, a pesar de todo, debo mucho; como el hecho de haber colaborado en mi formación académica, la cual me permitió ser lo que soy ahora y llegar a donde he llegado. Con mis estudiantes y con mis hijas leo apasionadamente, “darles de leer” como cita Penac es lo que trato y por ello en mi tarea diaria lucho por reivindicar el lugar de la literatura, transporto historias de sueños, realidades, fantasías y ensueños. Sirvo de puente entre las ilusiones y las verdades pero sobre todo transmito ese mágico sabor que se degusta con la palabra.
Dentro de las propuestas para trabajar literatura en la escuela he podido acercarme mucho más a la literatura infantil, he aquí algunos de los títulos que más me han estremecido por fuera y por dentro…






Es un autobiografía, importante, has logrado pensarte en la escritura,hemos tenido lecturas parecidas... y pues espero que sigas y revitalices tu ánimo lector...
ResponderEliminar