viernes, 6 de abril de 2012

ELOGIO A LA LITERATURA

ELOGIO   A   LA    LITERATURA

     Como la menor de cuatro hermanos, estuve rodeada de cuadernos, textos, crayones, acuarelas, lápices, que aunque debían permanecer lejos de mi alcance,  me las ingeniaba para acariciar aquellas imágenes que relataban historias grabadas en hojas. Sin importarme cuantas veces me llamaran la atención y les cambiaran de lugar, la curiosidad siempre me invitó una y otra vez para recrearme haciendo mis propias lecturas DE  UNOS SIMBOLOS QUE SIN SABER QUE SIGNIFICABAN, le daban rienda suelta a mi imaginación, y a hablar sin importarme si estaba sola o alguien al otro lado de la puerta me observaba.
    Todas las tardes cuando mis hermanos regresaban de la escuela, pasaba largos ratos, observándolos escribir en sus cuadernos y leer en sus libros, en una actividad que le llamaban tarea.
      Sabía que era viernes por que era el día en que llegaba el periódico a mi casa, la ansiedad de poder tenerlo en mis manos se apoderaba de mí, pero disfrutaba escuchar a mi padre leer cada sección del mismo, aunque era una lectura pausada, imaginaba que todo lo que él pronunciaba eran historias reales escritas en forma de cuento. Una vez El terminaba de leerlo me regala la revista que venía adjunta al periódico, recuerdo que se llamaba “Carrusel” las guardé durante mucho tiempo, anhelando el día en que realmente aprendiera a leer y así poder comprobar si lo que allí estaba era en realidad lo que había escuchado en boca de mi padre.
     Entre acompañar a mi madre en las labores de la casa, ver cada mañana salir a mis hermanos con sus maletas repletas de objetos escolares,  despedir cada mañana a mi padre,  y pararme frente a la puerta del colegio que quedaba diagonal a mi casa, para ver entrar a las niñas con sus uniformes bien planchados, y sus zapatos negros bien lustrados, fueron trascurriendo los años.
      Poco a poco me convertí en la alumna favorita de mi hermana mayor, que se preparaba para ser maestra, frente a mí, realizaba sus prácticas de enseñar a leer y escribir. Este hecho despertó mis instintos, pues este abre bocas me dejaba iniciada a querer saborear los olores, aromas, sabores que se encontraban en las palabras escritas en un buen libro. Poco a poco fui grabando aquellos símbolos que juntos formaban palabras, aumentando mi interés por aprender a leer y escribir. Recuerdo a mi madre que decía que para aprender solo se necesitaba saber leer y escribir, pues ella  lo que sabía lo había aprendido después de que aprendió a leer y escribir, pues no alcanzó a terminar la primaria cuando quedó huérfana de madre y mi abuelo no la dejo volver a la escuela.
     A los cinco años tuve la fortuna de entrar a un salón de clase, invitada por la profesora Carmenza a quien siempre recuerdo con mucho cariño, pues Ella rompiendo las reglas de la época, que exigía un mínimo de siete años para iniciar el ciclo escolar, me permitió sentirme como Alicia en el país de las maravillas; más grande fue mi alegría cuando repartió hojas y crayones para todas las niñas incluyéndome a mí. Recuerdo que estaba enseñando la planta y sus partes, Ella pidió que pintáramos una planta con todas sus partes, además de dibujarla yo le escribí al frente algunas partes. Cuando Ella observó mi trabajo quedo muy sorprendida, y hablo con mis padres y la hermana directora para que me dejaran asistir regularmente al colegio. Gracias a esta experiencias vividas en mi primera infancia  no siento miedo de hablar en público, estoy convencida que es la literatura oral y escrita la que nos hace  ricos en palabras, la que nos dá fluidez para expresarnos, y la que nos abre un mundo de posibilidades.
     Gracias a la literatura he conocido lugares, momentos, sentimientos, personas, situaciones, he viajado sin salir de mi casa a lugares exóticos, he conocido personas que como José Saramago, Gabriel García Márquez, Fernando Soto Aparicio, William Shakespeare, Jorge Aníbal Niño, Rafael Pombo, el Indio Rómulo, Vargas Llosa, Eduardo Caballero Calderón, Alfredo Gómez Cerdá, Anthony Browne, Susie Morgenstern en otros me han puesto alas, permitiéndome sobrevolar, convivir, y acampar en los rincones de sus historias.

Gloria Delgado Rangel

1 comentario:

  1. Interesante tu comentario... pero cómo lo enlazas desde alguno de los discursos de los premios nobel???

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