ELOGIO A LA LITERATURA
Como la menor de cuatro hermanos, estuve
rodeada de cuadernos, textos, crayones, acuarelas, lápices, que aunque debían permanecer
lejos de mi alcance, me las ingeniaba
para acariciar aquellas imágenes que relataban historias grabadas en hojas. Sin
importarme cuantas veces me llamaran la atención y les cambiaran de lugar, la
curiosidad siempre me invitó una y otra vez para recrearme haciendo mis propias
lecturas DE UNOS SIMBOLOS QUE SIN SABER
QUE SIGNIFICABAN, le daban rienda suelta a mi imaginación, y a hablar sin
importarme si estaba sola o alguien al otro lado de la puerta me observaba.
Todas las tardes cuando mis hermanos
regresaban de la escuela, pasaba largos ratos, observándolos escribir en sus
cuadernos y leer en sus libros, en una actividad que le llamaban tarea.
Sabía que era viernes por que era el día
en que llegaba el periódico a mi casa, la ansiedad de poder tenerlo en mis
manos se apoderaba de mí, pero disfrutaba escuchar a mi padre leer cada sección
del mismo, aunque era una lectura pausada, imaginaba que todo lo que él
pronunciaba eran historias reales escritas en forma de cuento. Una vez El
terminaba de leerlo me regala la revista que venía adjunta al periódico,
recuerdo que se llamaba “Carrusel” las guardé durante mucho tiempo, anhelando
el día en que realmente aprendiera a leer y así poder comprobar si lo que allí estaba
era en realidad lo que había escuchado en boca de mi padre.
Entre acompañar a mi madre en las labores
de la casa, ver cada mañana salir a mis hermanos con sus maletas repletas de
objetos escolares, despedir cada mañana
a mi padre, y pararme frente a la puerta
del colegio que quedaba diagonal a mi casa, para ver entrar a las niñas con sus
uniformes bien planchados, y sus zapatos negros bien lustrados, fueron
trascurriendo los años.
Poco a poco me convertí en la alumna
favorita de mi hermana mayor, que se preparaba para ser maestra, frente a mí,
realizaba sus prácticas de enseñar a leer y escribir. Este hecho despertó mis
instintos, pues este abre bocas me dejaba iniciada a querer saborear los
olores, aromas, sabores que se encontraban en las palabras escritas en un buen
libro. Poco a poco fui grabando aquellos símbolos que juntos formaban palabras,
aumentando mi interés por aprender a leer y escribir. Recuerdo a mi madre que
decía que para aprender solo se necesitaba saber leer y escribir, pues ella lo que sabía lo había aprendido después de que
aprendió a leer y escribir, pues no alcanzó a terminar la primaria cuando quedó
huérfana de madre y mi abuelo no la dejo volver a la escuela.
A los cinco años tuve la fortuna de entrar
a un salón de clase, invitada por la profesora Carmenza a quien siempre
recuerdo con mucho cariño, pues Ella rompiendo las reglas de la época, que
exigía un mínimo de siete años para iniciar el ciclo escolar, me permitió
sentirme como Alicia en el país de las maravillas; más grande fue mi alegría
cuando repartió hojas y crayones para todas las niñas incluyéndome a mí.
Recuerdo que estaba enseñando la planta y sus partes, Ella pidió que pintáramos
una planta con todas sus partes, además de dibujarla yo le escribí al frente
algunas partes. Cuando Ella observó mi trabajo quedo muy sorprendida, y hablo
con mis padres y la hermana directora para que me dejaran asistir regularmente
al colegio. Gracias a esta experiencias vividas en mi primera infancia no siento miedo de hablar en público, estoy
convencida que es la literatura oral y escrita la que nos hace ricos en palabras, la que nos dá fluidez para
expresarnos, y la que nos abre un mundo de posibilidades.
Gracias a la literatura he conocido
lugares, momentos, sentimientos, personas, situaciones, he viajado sin salir de
mi casa a lugares exóticos, he conocido personas que como José Saramago,
Gabriel García Márquez, Fernando Soto Aparicio, William Shakespeare, Jorge Aníbal
Niño, Rafael Pombo, el Indio Rómulo, Vargas Llosa, Eduardo Caballero Calderón,
Alfredo Gómez Cerdá, Anthony Browne, Susie Morgenstern en otros me han puesto
alas, permitiéndome sobrevolar, convivir, y acampar en los rincones de sus
historias.
Gloria
Delgado Rangel
Interesante tu comentario... pero cómo lo enlazas desde alguno de los discursos de los premios nobel???
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